V. CONCLUSIÓN
En el esfuerzo por dar cuenta de
los objetivos propuestos para este trabajo, y a partir de los datos y testimonios que
surgen del análisis de las situaciones empresariales elegidas, a continuación se
intentarán identificar:
1) las principales tendencias que orientan y definen el rol, las responsabilidades y las
expectativas que las empresas, caracterizadas por un compromiso y una inversión sostenida
en la formación de su gente, le otorgan a la actividad capacitadora;
2) las condiciones para que dicha inversión -en tiempo, en esfuerzo y en dinero- resulte
fructífera.
Respecto a las primeras, los comportamientos empresariales estudiados permiten identificar
como tendencias dominantes a las siguientes:
1.1 La existencia de una política sostenida y sistemática de calificación de la
fuerza laboral aparece, en el país, estrechamente vinculada con una filosofía política
empresarial comprometida con la innovación, ya sea a nivel tecnológico u organizacional.
Pese a ello, se encuentran en la industria nacional múltiples ejemplos que permiten
afirmar que esta asociación es más débil cuando la apuesta empresarial por la
innovación se concentra de manera exclusiva en las tecnologías duras. A la inversa,
cuando la transformación tecnológica de la rama no es sustantiva o cuando la empresa no
puede asumir la incorporación de la última tecnología pero realiza -ya sea por
estrategia compensatoria o por haber encontrado un nicho de competitividad satisfactorio-
una opción fuerte por la innovación organizacional se registra con contundencia la
referida asociación.
1.2 Los casos aquí estudiados confirman la tendencia anterior demostrando que, a
nivel micro, resultan más decisivos para la instrumentación de una actividad
capacitadora intensiva los objetivos y orientaciones valóricas de quienes asumen el
liderazgo de su implementación que el determinismo tecnológico.
1.3 La presencia de una política integral de capacitación es el indicador más
potente de una organización que entiende que no es posible enfrentar las actuales
condiciones de desarrollo económico y tecnológico sin otorgar un papel central a sus
recursos humanos. Ello explica que -en un contexto organizacional de paulatino
desdibujamiento de las áreas específicas- se registre un fuerte correlato entre
valoración del conocimiento personal e institucional, ubicación jerarquizada y gestión
profesionalizada del área de Recursos Humanos e inversión en capacitación.
1.4 Sin ser condición excluyente, parece evidente que la presencia de un área de
Personal con participación en el nivel decisorio de las políticas institucionales
contribuye, en forma categórica, a otorgar carácter sistémico al diseño y a la
concepción de las estrategias formativas así como a definir su rol -asociándolas y
articulándolas con las estrategias en materia de inversión, comercialización,
tecnología, etc.- afirmando su condición de dimensión específica de las políticas
empresariales.
1.5 Cuando la política formativa es así concebida, los ejemplos analizados
demuestran que se le otorga un doble rol: es, al mismo tiempo, instrumento del cambio y
componente estructural del nuevo paradigma productivo y organizacional. Como instrumento
se transforma en un agente facilitador de la innovación o mediador del conflicto y como
componente estructural asume la responsabilidad de internalizar en el tejido empresarial
la nueva percepción o "cultura institucional" (conjunto de objetivos,
estrategias, valores y estilos de dirección y gestión que constituyen la singularidad de
la organización en el sistema productivo nacional).
1.6 Esta complementariedad de roles -que se detecta en las empresas innovadoras- es
expresión de la nueva concepción de las relaciones educación-trabajo que hoy rigen en
el contexto de implementación de los nuevos paradigmas productivos y organizacionales.
Simboliza la superación de la vieja concepción de calificación para un puesto, propia
del paradigma fordista, por un modelo de competencias, donde la presencia de la
condiciones subjetivas e intersubjetivas tienen un papel determinante. A su vez, presupone
pasar de un modelo estático de instrumentación a uno dinámico de gestión. La noción
de calificación basada en la "correspondencia entre un saber, una responsabilidad,
un puesto, un salario tiende a desaparecer" en la medida en que las exigencias de un
puesto de trabajo específico son reemplazadas por un "estado inestable de
distribución de tareas"(21) donde la colaboración, la polivalencia y la movilidad
pasan a ser las competencias dominantes. Desde el punto de vista de las políticas
formativas ello supone:
a) adicionar -cuando no abandonar- al entrenamiento para habilidades y destrezas
específicas (que puede atenderse mediante una política de capacitación puntual,
determinada por las necesidades también puntuales y por la oferta del mercado) la
formación integral del individuo, aportándole las bases científica del conocimiento y
estimulando su desarrollo personal y social;
b) involucrar a todos los actores en el proceso formativo y en la incorporación de
un código cultural común que se centre en el reconocimiento de la posibilidad y la
importancia del aprendizaje institucional y colectivo o sea, en la convicción de que las
organizaciones también aprenden;
c) actuar en la planificación de las necesidades y en desarrollo de las potencialidades
-individuales y colectivas- para anticipar y preparar el cambio y no en la búsqueda de
soluciones para lo imprevisto y lo inmediato.
1.7 La sostenibilidad y éxito de las políticas formativas aparece claramente
condicionada por su capacidad y creatividad para generar el involucramiento y la
motivación de la amplia mayoría así como por encontrar el modelo didáctico más
adecuado para encarar la gestión de las competencias. Para ello ya no parecen más
viables los modelos de aprendizaje tradicionales, o sea el escolar o el tutorial, puesto
que el concepto de competencia es inseparable de la acción, es sometido a prueba en la
resolución de problemas y en la aplicación de los conocimientos a circunstancias nuevas
y/o críticas. El modelo escolar estuvo construido sobre la transferencia de los
conocimientos y los comportamientos existentes y partía de la premisa que se requería su
asimilación para luego poder reproducirlos en situaciones reales. A su vez, el
aprendizaje en el puesto del trabajo o modelo experiencial, se basó en la adquisición
del conocimiento en el ejercicio del trabajo y con la ayuda de la transmisión de la
experiencia del tutor (pares, jefes o instructores propiamente dichos). Este modelo supone
la estabilidad de la práctica laboral, de la manera de hacer y descansa sobre la premisa
que los conocimientos son durables a lo largo de toda la vida profesional.
La actual coyuntura demuestra que buena parte de los conocimientos ya no existen o se
tornan obsoletos rápidamente y que son los saberes contextuales los que permiten tratar
los imprevistos y las innovaciones y realizar arbitrajes entre perfomances nuevas. Las
competencias no pueden ser reproducidas sino en la situación real del trabajo y a partir
de un re-examen de la situación o de una actualización en función de los
acontecimientos.
Por lo tanto, la manera de movilizar y aplicar los conocimientos -asumiendo
responsabilidad y reflexividad- es tan importante como el contenido de las propias
competencias. La medida de éxito de un programa formativo en este marco será entonces
que el educando sepa hacer uso de lo aprendido para encontrar por sí solo buenas
soluciones. Todo esto entraña un cambio radical en las formas de enseñar y aprender. El
aprendizaje profesional actualmente depende de la vinculación entre dos tiempos: el
tiempo de la confrontación con las situaciones reales (las personas adquieren
competencias confrontándose con el distanciamiento necesario pero en lizagón directa con
los acontecimientos) y el tiempo de la formación (reflexión y reexamen de las cuestiones
generales, de la adquisición del conocimiento). Es, por tanto, la relación entre ambos
tiempos lo que se torna vital y ella se expresa, cuando la política de capacitación es
pertinente, en la utilización formativa de la propia organización del trabajo. Este
parece ser el fundamento pedagógico que sustenta tanto las modalidades formativas
(círculos de calidad, grupos de autogestión, aprendizaje en equipo, talleres de
reflexión, jornadas o espacios informativos sobre políticas, torneos internos, etc.)
como la preeminencia de las temáticas referidas al área comportamental (desarrollo
personal, comunicación, trabajo en equipo, metodología de calidad, nuevas formas de
liderazgo, redefinición del rol gerencial, etc.) que, ejemplificando lo anterior, se
detectan en las empresas estudiadas.
1.8 Los procesos de innovación tecnológica y de transformación organizacional que
supone la Tercera Revolución en curso impactan en las estructuras de la calificaciones de
las empresas modificando las relaciones entre calificaciones del puesto y del trabajador
y, por ende, la política de capacitación y de gestión de la fuerza de trabajo asumidas
por la empresa testimonian la posición que ésta asume frente a la distribución y
apropiación del saber en la esfera laboral. Cuando la estrategia formativa se propone la
impregnación organizacional de los nuevos valores; se involucra a trabajadores de
diferentes responsabilidades y perfiles en la consecución de un determinado objetivo
institucional; cuando las temáticas se direccionan hacia el desarrollo personal y se
otorga significación prioritaria a la identificación de los altos potenciales o de las
figuras de reemplazo así como cuando se apela a contratos a plazo fijo para especialistas
muy caros o de tiempo flexible para permitir los servicios sin dedicación exclusiva de
profesionales que prefieren trabajar por su cuenta durante un tiempo, etc. se está
reconocimiento que, cada vez más, la balanza del poder en las actuales organizaciones
residirá en el individuo y, por otro, se están dando señales de que la empresa busca
mecanismos para neutralizar la vulnerabilidad en la que quedaría si no está
permanentemente atenta para estimular la "democratización" del saber pero
también para desprenderse de quienes no se comprometen con esta espiral siempre
creciente. En ese esquema, la educación y la formación se convierten en una prioridad
siempre creciente en las empresas porque constituyen una manera de armonizar los intereses
de la persona con los de la empresa.
Esta identificación de tendencias conduce indefectiblemente a interrogarse acerca de
cuáles han sido las condiciones y requisitos que permitieron su irrupción. En tal
sentido, de los casos estudiados surgen algunos procesos o rasgos que no ofrecen dudas
acerca de su condición de tales. Ellos son:
2.1 La existencia de un clima institucional favorable que se expresa en una actitud
sindical o del conjunto de los trabajadores de adhesión e involucramiento con la
propuesta capacitadora. Si bien esta disposición no ha sido lineal ni se ha mantenido
incambiada en el tiempo (con excepción de SAGRIN S.A.) parece evidente que, sin ella, no
hubieran sido posibles las profundas transformaciones estructurales pero tampoco la
sostenibilidad de la actividad capacitadora.
Para que este clima surja y se mantenga -por lo menos como tendencia más allá de choques
y desencuentros puntuales- se requiere de una estrecha interrelación entre las posiciones
y estrategias de los distintos actores (trabajadores y empresarios) que tenga como
objetivo la ruptura del círculo vicioso de la desconfianza mutua, la coincidencia en la
valorización del conocimiento y señales bien claras, especialmente desde el sector
empresarial, acerca de las relaciones entre capacitación y estabilidad del empleo,
desarrollo de carrera, remuneración.
2.2 Si las propuestas de cambios comportamentales y la convocatoria a la
responsabilidad, la autonomía y la creatividad son unilaterales y no se incorporan en una
transformación efectiva en las relaciones jerárquicas al interior de la empresa,
difícilmente se logrará la motivación y el compromiso de los trabajadores con los
cambios buscadas. Es, por tanto, claramente una responsabilidad empresarial la
implementación de estilos de gestión y dirección participativa que convoquen y respeten
las sugerencias y saberes de los trabajadores para que éstos, a su vez, respondan y
asuman entusiastamente el desafío del la incorporación de nuevas habilidades técnicas e
interpersonales y sientan "ganas" de hacerse cargo de nuevas responsabilidades y
tecnologías de trabajo. Con estos supuestos de base el aumento de la calificación se
puede convertir en una inversión (no sólo material sino también humana) de alta
rentabilidad para ambos actores.
2.3 Un reaseguro potente para el éxito de la capacitación es la participación
sindical en la detección de las necesidades y en la propia elaboración del plan
formativo. O sea la asociación entre sindicato y empresa para definir el rumbo de la
reconversión o para acordar los planes de desarrollo parece ser el camino más adecuado
para que tanto los beneficios como los costos puedan ser compartidos.
La apertura de un espacio de diálogo que se inicie en el terreno de la formación y que
permita acordar las relaciones de ésta con la productividad y la competitividad puede -y
de hecho lo ha sido en muchos casos- sentar las bases para un cambio real en el tipo de
relaciones laborales y en la distribución del poder-saber al interior de la empresa.