II. TENDENCIAS RECIENTES DE LA INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE


A. PARTICIPACIÓN DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE EN LA INVERSIÓN EXTRANJERA
DIRECTA MUNDIAL

En 1996 la IED mantuvo a nivel mundial el vigoroso ritmo de crecimiento que ha exhibido a partir de 1991, luego de una marcada retracción con respecto a 1990. En moneda corriente, el notable total de 354 243 millones de dólares registrado en el mundo en 1996 representa un aumento de 10.3% comparado con el correspondiente a 1995, y ratifica así con exactitud la tasa promedio de crecimiento anual de la afluencia de IED en términos globales durante el período 1990-1996, que alcanza a 7.1%.

Como ha ocurrido a lo largo de los años noventa, el incremento de la IED durante 1996 se sustentó en los ingresos netos de capital de inversión directa a los países en desarrollo, cuyo monto, en moneda corriente, aumentó 32.4% respecto del año anterior (véase el cuadro 1). Esta expansión pone de manifiesto la recuperación de los altos ritmos de crecimiento logrados entre 1990 y 1994, que sólo se atenuaron en 1995 (7.8% de variación con respecto a 1994). (CEPAL, 1997a.) Entretanto, el exiguo incremento de la afluencia de IED hacia los países desarrollados en 1996 (1.1%) contrastó con su fuerte expansión en 1995 (44.6%), confirmando el relativo estancamiento de las corrientes con ese destino. Así, mientras la tasa promedio de crecimiento anual de la IED ingresada a los países en desarrollo entre 1990 y 1996 fue de 55.3%, en los países desarrollados llegó apenas a 3.0%.

El estancamiento relativo de la afluencia de IED hacia los países desarrollados es todavía más manifiesto al cuantificar dichas corrientes en moneda constante, a precios de 1990, ya que entonces se comprueba que durante la década de 1990 (1) sus montos han sido cada año inferiores al registrado en 1990, lo que se refleja en una tasa promedio de crecimiento anual de -0.2%. En el mismo período, la afluencia de IED hacia los países en desarrollo ha aumentado progresiva y sostenidamente, de manera que los ingresos netos en 1996 fueron 3.6 veces mayores que los obtenidos en 1990 (véase el cuadro A.1 del anexo estadístico).

La persistente orientación de los flujos internacionales de IED en favor de los países en desarrollo ha significado que la participación de éstos en los totales anuales de la IED aumentara de 14.9% en 1990 a 37.8% en 1996. La participación de los países desarrollados, en tanto, pasó de 84.9% a 58.8% entre los mismos años (véase el cuadro 1).

Cuadro 1

INGRESOS NETOS GLOBALES DE INVERSION EXTRANJERA DIRECTA, POR BLOQUES DE PAISES, 1990-1996

(En millones de dólares corrientes)

AÑOS

PAISES DESARROLLADOSa

ECONOMIAS EN TRANSICIONb

PAISES EN DESARROLLO

ECONOMIA MUNDIAL

1990

176 346

300

30 979

207 625

1991

114 792

2 448

41 761

159 001

1992

119 692

4 444

51 139

175 275

1993

138 762

6 287

72 274

217 323

1994

142 395

5 882

93 707

241 984

1995

205 876

14 317

101 004

321 197

1996

208 221

12 261

133 761

354 243

Fuente: CEPAL, Base de datos de la Unidad de Inversiones y Estrategias Empresariales, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, sobre la base de información proporcionada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y organismos nacionales competentes.

a Todos los países de la OCDE, excluidos México, Corea y la República Checa, más Israel, Nueva Zelandia y Sudáfrica.
b Corresponde a los países de Europa central y oriental.

De esta manera, las cifras más recientes sobre la evolución de la IED en el mundo ratifican el espectacular cambio en favor de una mayor participación de los países en desarrollo en las corrientes internacionales de inversión directa (CEPAL, 1996a), lo que viene a confirmar que el proceso de globalización de la economía mundial se extiende progresivamente hacia los países en desarrollo y que su internacionalización se ha intensificado durante los años noventa. Este fenómeno tiene importantes implicaciones para cada región (véase el recuadro 1).

Por otra parte, la información presentada en el cuadro 1 demuestra que si bien el proceso de globalización e internacionalización de la economía mundial se ha extendido a las denominadas "economías en transición", la afluencia de IED hacia ellas todavía no alcanza magnitudes relativas importantes (3.5% del total mundial en 1996). No obstante, debe destacarse que la recepción de inversión directa en dichas economías ha evolucionado a una tasa acumulativa de crecimiento anual de 80.5% entre 1990 y 1996.


Recuadro 1

América Latina frente a la globalización*

No cabe duda de que las decisiones de las empresas transnacionales en cuanto a transferir tecnología, invertir y generar corrientes de comercio influyen fuertemente en los procesos de industrialización y la competitividad internacional de los países en desarrollo. La globalización plantea grandes desafíos e importantes oportunidades para los países en desarrollo que sean capaces de aprovechar ciertos atributos de algunas empresas transnacionales.

Dos de las características principales de la globalización son la intensificación de la competencia internacional y su transnacionalización. La primera se aprecia claramente en el comercio internacional de manufacturas, en el que la liberalización y la apertura comercial han premiado la eficiencia, la productividad y la especialización en productos tecnológicamente más sofisticados y han dado por resultado impresionantes aumentos de la participación en los mercados de ciertos países, en particular Japón y otras naciones asiáticas.

La transnacionalización implica que las empresas transnacionales se convierten en los agentes económicos más influyentes en el proceso de globalización porque, entre otras cosas, son dueñas de las tecnologías más dinámicas, poseen sistemas internacionales de producción cada vez más integrados y operan en múltiples mercados en forma simultánea. Los países en desarrollo que logren incorporarse a estos sistemas internacionales de producción integrada podrían beneficiarse en términos de aumentar su participación en los sectores más dinámicos del comercio internacional. Todo dependerá de cómo y cuándo lo hagan.

La tendencia hacia la transnacionalización plantea un importante desafío a las empresas nacionales de los países en desarrollo, porque para ellas será sumamente difícil competir con empresas tan grandes y que les llevan tanta ventaja. No obstante, a las empresas nacionales realmente eficientes y competitivas la transnacionalización les abre una valiosa oportunidad de asociarse a los sistemas internacionales de producción integrada de las empresas transnacionales. Pueden asociarse como proveedores o contratistas y así obtienen acceso a tecnologías y maquinaria sofisticadas, a prácticas organizativas modernas y a los mercados dinámicos de los países de la OCDE. De esta manera se promueve un proceso de aprendizaje nacional que incidirá favorablemente en la competitividad internacional de estos países en desarrollo.

Parte del éxito alcanzado por Japón y otros países asiáticos en su conquista de mercados internacionales con productos dinámicos puede atribuirse a su manera de relacionarse con las grandes empresas transnacionales. En general optaron por conseguir tecnología en vez de inversión extranjera directa, o por asociarse con estas empresas vía nuevas formas, como las empresas conjuntas, la subcontratación de componentes o montajes parciales, la contratación de equipos completos y, sobre todo, las alianzas estratégicas. En este sentido, el dinamismo y las ventajas competitivas de las empresas transnacionales se transfirieron en cierta forma a las empresas nacionales y, por consiguiente, al proceso nacional de industrialización.

En América Latina las empresas transnacionales tradicionalmente establecieron sus propias filiales para aprovechar las oportunidades ofrecidas por las políticas de sustitución de importaciones industriales. Este proceso creó muchas empresas manufactureras poco eficientes, casi obsoletas en términos tecnológicos e incapaces de defenderse ante la competencia internacional; tampoco hubo mucho intercambio ni un aprendizaje significativo para las empresas nacionales. Los posteriores procesos de liberalización financiera y comercial, apertura comercial y reducción de la intervención estatal en la economía cambiaron definitivamente los parámetros de la industrialización en América Latina.

Para las antiguas empresas extranjeras que operaban en el sector manufacturero de la región la nueva política representó un fuerte reto. Estas filiales dispusieron básicamente de tres alternativas: i) vender, cerrar o descapitalizar la operación; ii) racionalizar la operación (estrategia defensiva); o iii) reestructurar la operación (estrategia ofensiva). En general, los resultados han sido pobres en lo que se refiere a su impacto en el proceso nacional de industrialización, ya que pocas filiales han reestructurado realmente sus operaciones en el marco del proceso de globalización.

* Resumen de: Michael Mortimore, "América Latina frente a la globalización", serie Desarrollo productivo, No. 23 (LC/G.1867), Santiago de Chile, CEPAL, agosto de 1995.

De acuerdo con los antecedentes presentados (véanse los cuadros 2 y A.2 del anexo), en 1996 la mayor parte de la afluencia de IED hacia las regiones en desarrollo se dirigió a los países asiáticos, que recibieron poco menos de dos tercios del total (63.3%), principalmente hacia China. Esto significó que la participación de los países asiáticos en la afluencia de IED hacia las regiones en desarrollo no sólo se mantuviera durante los años noventa, sino que, además, sus ingresos netos de IED nuevamente duplicaran los recibidos por los países de América Latina y el Caribe (32.6%). Esto ha sido un factor en las diferencias de competitividad internacional entre ambas regiones (véase el recuadro 2). Cabe señalar que en 1996 la importancia de las economías asiáticas en la distribución de la IED en los países en desarrollo permaneció a un alto nivel a pesar de que en ellas la variación anual de los ingresos netos obtenidos en este año en 1996 (28.5%) fue menor que la registrada en los países latinoamericanos (44.8%).

Cuadro 2

INGRESOS NETOS DE INVERSION EXTRANJERA DIRECTA EN PAISES EN DESARROLLO, POR REGIONES, 1990-1996

(En millones de dólares corrientes)

REGIÓN

1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

Africa

2 160

2 752

3 151

3 691

5 496

4 699

4 949

América Latina y el Caribe

8 359

15 421

17 718

17 301

30 219

30 097

43 583

Europa en desarrolloa

149

195

231

269

369

369

571

Asia en desarrollo

20 311

23 393

30 039

51 013

57 623

65 839

84 658

Total anual

30 979

41 761

51 139

72 224

93 707

101 004

133 761

Fuente: CEPAL, Base de datos de la Unidad de Inversiones y Estrategias Empresariales, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, sobre la base de información proporcionada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y organismos nacionales competentes.

a Incluye Bosnia y Herzegovina, Croacia, Malta, Eslovenia, ex República Yugoslava de Macedonia y ex Yugoslavia.

A pesar de que la participación de los países de América Latina y el Caribe en la afluencia total de IED hacia el mundo en desarrollo es notoriamente menor que la de los países asiáticos, cabe subrayar que durante los años noventa la tasa acumulativa de crecimiento anual de la IED en América Latina y el Caribe ha exhibido el valor más alto (70.2% en valores corrientes) entre las regiones en desarrollo, superando incluso la de los países asiáticos (52.8%). Esto ha permitido que América Latina incremente su participación en los flujos mundiales de IED. En efecto, de representar sólo 4% de los ingresos netos totales en 1990, llegó a 12.5% en 1994, 9,4% en 1995 y 12.3% en 1996, a pesar de los problemas que enfrentaron algunos de los principales receptores de IED a raíz de la crisis financiera desatada en México a fines de 1994.


Recuadro 2

La competitividad internacional: un CAN-análisis de las experiencias de Asia en desarrollo y América Latina*

Es indudable que las empresas transnacionales son las protagonistas del nuevo orden industrial internacional, en virtud del cual la economía internacional ha sido sacudida por transformaciones tecnológicas e institucionales. Este fenómeno, llamado "proceso de globalización", posee dos características principales: la intensificación de la competencia internacional y su transnacionalización.

Utilizando como mercado internacional a los países miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), el programa Análisis de la Competitividad de los países (CAN) revela dos características que han marcado el desarrollo del comercio internacional en los últimos años: la creciente competencia internacional en el campo de las manufacturas y el incremento de la competitividad de los países en desarrollo, principalmente los asiáticos, que se refleja en su participación en las importaciones de manufacturas de los países de la OCDE, sobre todo las no basadas en recursos naturales.

Cabe preguntarse a qué se debe que los países asiáticos hayan aprovechado la oportunidad brindada por el proceso de globalización, pero no así los países de América Latina. El CAN suministra información al respecto: en 1980 la estructura de las exportaciones de Asia en desarrollo se dividía casi en las mismas proporciones entre recursos naturales y manufacturas, pero en 1995 dicha relación pasó a ser de 1 a 5. En cambio, en América Latina dicha proporción era casi de 1 a 1 en 1995. Más aún, mientras varios países asiáticos se mostraron capaces de concretar buenas asociaciones con empresas transnacionales, sobre todo japonesas, para surgir luego como competidores, en América Latina la norma era dejar todo en manos de las subsidiarias de las empresas transnacionales, sobre todo estadounidenses.

El CAN ofrece además un análisis de la situación competitiva de algunos países "ganadores". Mientras que la orientación adoptada por Japón y China incentiva a las empresas industriales nacionales a modernizarse mediante la adopción de tecnologías extranjeras para mejorar su situación competitiva, en México este objetivo no está respaldado por una política de fortalecimiento del aparato productivo nacional y el proceso se realiza más bien a través de la inversión extranjera directa en subsidiarias, principalmente estadounidenses, mediante operaciones de montaje con un mínimo de valor agregado nacional. Si bien ambas políticas mejoran drásticamente la situación competitiva, las implicaciones de largo plazo pueden ser diferentes. El camino más expedito para alcanzar una competitividad internacional de largo plazo parece basarse en una política que premie la obtención de tecnología extranjera, de manera que consolide el aprendizaje de las empresas nacionales para que puedan especializarse efectivamente en los sectores más dinámicos del comercio internacional, acelerando así el crecimiento de la economía interna.

*Resumen de: Michael Mortimore, J. L. Bonifaz y Duarte de Oliveira, "La competitiva internacional: un CANanálisis de las experiencias de Asia en desarrollo y América Latina", serie Desarrollo productivo, No. 40 (LC/G.1957), Santiago de Chile, CEPAL, 1997.


Gráfico 1

PARTICIPACION REGIONAL EN LA INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA NETA EN PAÍSES EN DESARROLLO, 1990-1996

(En porcentajes)

Fuente: CEPAL, Base de datos de la Unidad de Inversiones y Estrategias Empresariales, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, sobre la base de información oficial.

 

Gráfico 2

ASIA EN DESARROLLO Y AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: PARTICIPACION RELATIVA EN LA AFLUENCIA MUNDIAL DE INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA, 1990-1996

Fuente : CEPAL, Base de datos de la Unidad de Inversiones y Estrategias Empresariales, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, sobre la base de información oficial.

La vigorosa evolución exhibida por la afluencia de IED hacia los países en desarrollo en los últimos años ha inducido a pensar que en 1995 ésta habría iniciado un nuevo ciclo expansivo a nivel mundial, que se habría acentuado en 1996, cuando las corrientes internacionales de inversión extranjera aumentaron 10.2% con respecto al año anterior. Además, esta expansión estaría avalada por el hecho de que en 54 países se registraron cifras máximas de ingresos netos de IED (inflows) en 1996, en tanto que en alrededor de otras 20 economías las salidas netas de IED (outflows) también llegaron a niveles máximos (UNCTAD, 1997).

Indice


Notas:

(1) Para deflactar las series temporales de IED se utilizó el deflactor del PIB de los Estados Unidos (Indice de precios de los bienes industriales), por ser ése el principal país de origen de la IED regional, así como de las importaciones de bienes de capital.