II. COSTO DE LA CAPACITACION PARA LAS PEQUEÑA EMPRESAS
Una estimación conservadora de las
necesidades de capacitación especifica en las empresas industriales con menos de 50
trabajadores se situaría alrededor del 30% de la fuerza de trabajo en la industria. Esto
es aproximadamente 25 000 trabajadores en Chile, entre 80 y 90 000 en Argentina, 240 000
en Brasil y 120 000 en México.
La efectividad, los costos y el impacto de la capacitación para el trabajo esta asociada
con el nivel educativo previo de los trabajadores. Este es en, la mayoría de los casos,
más decisivo que la capacitación específica misma para el desarrollo de la
productividad del trabajador. En base a datos provistos por investigaciones en los países
de la OECD, Lynch (1994) concluye que el gasto en entrenamiento que las empresas deben
hacer depende del nivel educativo inicial de la fuerza de trabajo. Así muestra que en
Estados Unidos el nivel de rendimiento de la fuerza es inferior a Alemania o Japón (aun
en sectores donde el gasto de la empresa en capacitación no es menor) porque la
formación básica de los trabajadores es deficiente. Esto produce un fenómeno de baja
rentabilidad de las inversiones en capacitación.
Al considerar el problema en toda su complejidad hay que tomar en cuenta no sólo las
necesidades actuales de las pequeñas empresas sino también las futuras, los procesos de
formación de capital humano son lentos y no se resuelven sólo con medidas a corto plazo.
Una análisis cabal de la situación debe tener en cuenta las dimensiones que condicionan
el éxito de la capacitación específica. Esto quiere decir que las políticas de
formación de recursos humanos para la pequeña empresa se confunden con las políticas de
formación general cuando se analizan o enfrentan las acciones que son el soporte básico
sobre el que se apoya la capacitación. En este nivel de las políticas y estrategias es
muy difícil discriminar y aislar aquellas que van a afectar específicamente al sector
que aquí nos ocupa.
El problema de las habilidades básicas es central y no es uno que pueda ser solucionado
con estrategias de localización. No puede ser "localizada" una intervención
que afecta entre un 30% y un 70% de la población en edad escolar. En este respecto en la
región todavía son necesarias políticas globales cuyo objeto es asegurar que todas las
personas en edades correspondientes accedan a ciertas prestaciones necesarias para
insertarse en la sociedad. Esta afirmación se sustenta en consideraciones económicas y
de equidad. Tan generales son estas políticas que no es posible formular estrategias
adecuadas para un sector económico aislado como es el de la pequeña empresa industrial,
sin tener que referirse a ellas.
Con otras palabras se trata de acciones y políticas que afectan a toda la población en
determinados tramos de edades y no sólo al segmento que va a incorporarse a las
industrias de menor tamaño. Esto es relevante para el tema de este trabajo porque una
política de capacitación efectiva empieza por resolver algunos problemas educativos
previos. Un factor a considerar es que una gran cantidad de los trabajadores en el sector
de las pequeñas empresas tienen bajo nivel educativo, lo que coincide con el hecho que
hay una proporción importante de jóvenes en la región no asisten a educación
secundaria. Sólo Argentina, Chile, Uruguay y algunos países del Caribe angloparlante
muestran tasas netas de escolaridad (*) cercanas o ligeramente sobre
el 50% (UNESCO 1992). Los que no asisten se distribuyen en las siguientes categorías: i)
en empleo en el sector formal, ii) en ocupaciones informales. iii) cesantes. Los que
están en la categoría i) son de hecho, en su mayoría, aprendices. Los de las otras dos
categorías tendrían mucho que ganar de un sistema de aprendizaje bien estructurado.
Un problema de orden más general que afecta a las pequeñas empresas son las personas que
todavía no están en el mercado del trabajo, adultos o escolares. Algunas experiencias de
educación escolar técnico-profesional, especialmente experimentos de alternancia, como
es la educación dual pretenden formar principalmente a personas en edad escolar
mejorando, al mismo tiempo, la formación escolar y de esta manera atacar las deficiencias
en el área de las habilidades básicas. Hay una estrecha relación entre las
características de la formación profesional escolar y las empresas industriales de menor
tamaño. Esto se debe a las características de la tecnología más habitual en estas
empresas que crea una demanda por destrezas como las que se forman en ese tipo de
escuelas.
Estas modalidades educativas son gestionadas por el sistema de educación escolar formal
con períodos de formación de por lo menos de tres a cuatro años, los que coinciden con
el de escolaridad obligatoria. Esto no coincide con los plazos y estrategias de las
empresas dificultando que lleguen a interesarse en participar en los procesos de
formación. Esto plantea un problema de no fácil solución, que es el de transformar
estudiantes en aprendices. La pregunta es si eso es realmente posible a gran escala.
Quizás un camino más realista es partir con aprendices para insertarlos en formación de
habilidades básicas. Este es además el problema de la formación integral (habilidades
básicas y capacitación específica) de los adultos y de todos los que no están en
condiciones de adquirir las habilidades básicas en el sistema de educación formal.
El nivel educativo medio(**) en el país es
una aproximación al nivel de educación de los trabajadores de este tipo de empresas.
Sólo para dar algunos ejemplos: en Brasil el promedio de grados aprobados por el total de
la fuerza de trabajo (incluyendo a todos los grupos etarios y categorías ocupacionales)
era a fines de los ochenta de 3.3, en Paraguay y Perú 4.8, México llega al 4,9, los
países con mejores promedios: Chile, Argentina Uruguay y algunas islas del Caribe,
antiguas posesiones británicas, alcanzaban a un promedio de 6 años aprobados, lo que si
bien es aún insuficiente para contribuir eficazmente al desarrollo de la industria, puede
considerarse un mínimo aceptable para estructurar una capacitación para el trabajo
efectiva y para una incorporación productiva con rendimientos cercanos a las mejores
prácticas de las tecnologías en uso. Esto afecta no sólo la innovación tecnológica
sino también el desempeño laboral. Son dificultades habituales la incapacidad de los
trabajadores para transformar centímetros en pulgadas, para estimar superficies curvas,
para calcular la presión de líquidos y gases, que los lleva a mediciones imprecisas y
decisiones que conducen a despilfarro.
(*) Tasa neta de escolaridad secundaria es la relación entre la cantidad de escolares en edad correspondiente (varía en los diferentes países, mínima entre 12 y 14 y máxima entre 17 y 18 años) y la población total en el mismo grupo de edades.
(**) Cantidad de años aprobados por la población media.