IV. FORMACIÓN COMPENSATORIA
La alternativa de emplear a personas
con baja escolaridad y compensarla con capacitación implica inversiones muy altas, tanto
o más altas que la capacitación misma, y menos costo/efectivas que las de emplear
personas con al menos diez años de escolaridad.
La información disponible permite concluir que efectivamente los procesos de sustitución
técnica de capital por trabajo van unidos a una demanda mayor por trabajadores con una
base educativa equivalente a la escuela secundaria. Cuando esta no está disponible hay
que considerar los programas de nivelación educativa. En el mejor de los casos un proceso
de formación compensatorio de las carencias más importantes causadas por la falta de
escolaridad secundaria, a los 18 años o más, tomaría unos 20 meses, con una dedicación
aproximada de 25 horas semanales. Un ejemplo de tales programas son los de la Fundación
DUOC en Chile. Terminado este período la persona estará en condiciones de acceder a la
capacitación inicial propiamente tal, que en industrias de avanzada en la región implica
de dos a cuatro meses antes de la incorporación plena a la línea de producción.
El costo estimado de programas como estos para distintos países de la región se muestra
en el cuadro siguiente. Este costo es costo de oportunidad para los trabajadores, si ellos
pagan directamente el programa compensatorio, o para las empresas con tecnologías más
avanzadas cuanto encuentran en el mercado fuerza de trabajo con escolaridad o experiencia,
o para el Estado si es este quien decide asumir tales costos. Esto no depende del modelo
educativo implementado sino del papel asignado a los gobiernos en materia de formación de
recursos humanos. Los programas compensatorios, aún cuando buscan nivelar a personas con
carencias de educación secundaria escolar, se asimilan a los de capacitación. Vale decir
estarán determinados por los instrumentos de política que los orientan y por el énfasis
en la oferta o en la demanda que los caracterice.
Cuando están dominados por la oferta será el Estado quien tenderá a tomar una cuota
mayor de los costos; al mismo tiempo que establecerá mecanismos de evaluación, control y
certificación que los acercará a la educación escolar. Cuando la demanda sea
determinante y haya una vinculación estrecha entre la capacitación y la formación de
habilidades básicas los costos tenderán a ser asumidos por los trabajadores, y/o por las
empresas, y/o por subsidios estatales a la demanda (de los individuos o de las empresas).
Las mayores dificultades para implementar estos programas no están, sin embargo, en los
costos sino en factores de orden institucional, como son la certificación, la
formulación de curricula, en la coordinación con las demandas generadas en la
producción, etc.
En el cuadro siguiente se presentan los valores presentes de la formación compensatorio.
En todos los casos se asume un costo de oportunidad equivalente al salario mínimo para
los trabajadores, hipótesis muy conservadora cuando se trata de personas trabajando en
empresas con tecnología más avanzada o incluso para muchos trabajadores por cuenta
propia. También se asume una productividad del 50% durante el período de formación
compensatorio. Estas magnitudes se comparan con el valor presente de cuatro años de
formación secundaria convencional, de acuerdo al gasto en educación en cada país, es
decir sobre la hipótesis de mantener los niveles de calidad actuales (4).
Cuadro 2
COSTO DE PROGRAMAS COMPENSATORIOS Y DE EDUCACIÓN SECUNDARIA
País |
Programa Compensatorio |
4 años de educación secundaria |
| Argentina | 2 285 |
412 |
| Brasil | 1 220 |
669 |
| Chile | 1 714 |
677 |
| Colombia | 1 372 |
270 |
| Ecuador | 1 437 |
317 |
| Guatemala | 641 |
185 |
| Honduras | 916 |
317 |
| Jamaica | 1 118 |
795 |
| República Dominicana | 1 029 |
191 |
| Nota: Valor presente de la educación estimado con una tasa de descuento de¡ 1 0% anual sobre el gasto en 1990. Valor presente de los costos de oportunidad en base a salarios mínimos de 1994 con una tasa de descuento de 0,8% mensual. | ||
Fuente: Anuario UNESCO 1992, CEPAL.
El valor presente y las extemalidades de uno y otro aconsejarían naturalmente optar por
la educación escolarizada; los costos de esta última es entre 0,5 y 8 veces menor que
los programas compensatorios después de los 18 años. Sin embargo si esta fuera una
opción única y excluyente significaría desconocer que existe en la región un
contingente muy importante de trabajadores mayores de edad que carecen de las habilidades
básicas para la industria moderna y que se beneficiarían de programas compensatorios.
Los sectores representados en el cuadro 1 son de bajo desarrollo tecnológico, los que en
la región operan con funciones de producción a intensidad de mano de obra, que
supuestamente debería tener un nivel educativo equivalente al menos 6 años de educación
básica.
Para las personas actualmente trabajando se plantea la pregunta si la formación en el
trabajo puede compensar las carencias de formación general, en que medida y bajo que
condiciones. La experiencia en varios países de la región muestra que el entrenamiento
no sustituye la educación básica. Esta tiene especificidades y desarrolla habilidades
que se suponen adquiridas cuando se inicia la capacitación o el entrenamiento.
Esquemas de capacitación, que incluyen un componente de formación general parecen
atractivos cuando el componente capital convencional es muy alto. Pero tales esquemas de
capacitación no afectarían de la misma manera la composición de la inversión total de
empresas con funciones de producción más intensivas en mano de obra, aun cuando tengan
una fuerza de trabajo de similar tamaño, pero con un capital fijo menor. Intentar
aplicarlo en firmas que no han efectuado o no están en condiciones de efectuar una
sustitución técnica de trabajo por capital significa destinar una proporción más alta
de la inversión a la formación de capital humano.
Esto lleva a plantear dos cuestiones, la primera es si combinaciones de capital y trabajo,
con una mayor intensidad en trabajo precisan, o pueden beneficiarse, de procesos de
formación tan intensos. Y la segunda es si una inversión con un componente más alto que
el habitual en formación de recursos humanos es costo/efectiva. Preguntas que afectan
decisiones sobre la conveniencia de invertir directamente en capacitación con algún
grado de independencia de las inversiones en capital físico.
Aun cuando no se cuenta con la información como para dar una respuesta definitiva se
tienen algunas pistas que pueden orientar este tipo de decisiones. Con respecto a la
primera pregunta: lo que se consigue en industrias con altos componentes de capital con
esquemas de formación comprensivos es entregar una formación en habilidades básicas
generales, y también un desarrollo de habilidades específicas para trabajar en el sector
donde está la industria. Esto es necesario para llevar a los trabajadores a un nivel de
producción física similar al de industrias comparables en los países industrializados,
por medio del mejoramiento de su formación general y específica. Comparable, entonces,
con el nivel de los trabajadores de una buena cantidad de las empresas de Alemania o
Japón que han terminado el proceso de entrenamiento inicial.
En los países industrializados no sólo las empresas de punta cuentan con trabajadores
con este nivel educativo. Ni tampoco son estas las únicas que entrenan intensivamente a
los trabajadores en técnicas específicas. Una buena cuota de la productividad de las
firmas, nuevas o antiguas, grandes o pequeñas, en estos últimos países, se explica por
el nivel de capacitación de los trabajadores. En el Japón, por ejemplo, el tiempo de
capacitación no es necesariamente dependiente de la función de producción de las
empresas. En Alemania el nivel educativo y de calificación de las unidades productivas es
reconocidamente alto, independientemente del tamaño de estas o del sector en que operan;
también son altos los respectivos niveles de productividad del trabajo.
No sólo la productividad estaría asociada con la formación en los países
industrializados, sino también la capacidad que tiene el sector industrial, en países
como estos, de introducir innovaciones tecnológicas. La posibilidad de introducir
constantemente nuevas tecnologías en la producción está subordinada, entre otras cosas,
a una calificación con estas características.
Si se traslada la experiencia de estos países a la región se podría concluir que la
capacitación de este estilo también puede beneficiar empresas con funciones de
producción menos intensivas en capital. La cuestión es determinar las condiciones para
la implementación de estos esquemas en firmas menos comprometidas con la acumulación de
capital humano.
En primer lugar está el costo; al gasto inicial en capacitación por trabajador hay que
sumar costos adicionales en material, docentes y local. Amen del costo de oportunidad que
significa llevar a los traba adores a la productividad media, una ves terminado el
período de formación. Difícilmente empresas intensivas en mano de obra van a decidir
efectuar gastos análogos, y aun si pudieran y quisieran hacerlo, es dudoso que logren una
productividad tal que los coloque en una posición tan competitiva que compense la
inversión. Esta inversión no resulta atractiva para los empresarios por la rotación de
la mano de obra. Lo más contradictorio es que la movilidad de los trabajadores es
inducida a menudo por la capacitación, que los incentivo a buscar trabajos mejor
remunerados o independientes, en el mismo sector.
Uno de los problemas crónicos en la región es la movilidad de los asalariados. Una mejor
calificación no contribuye a resolver este problema a menos que vaya acompañado por una
serie de medidas complementarias de orden social como las que han tomado algunas
industrias en la región, que van desde guarderías infantiles, bonos de producción,
bonos por antigüedad en la empresa, incentivos a la calificación etc. (5) Los que pueden significar costos
adicionales y, sin duda, cambios de gestión importantes.
Finalmente elevar la educación básica de los trabajadores puede ser disfuncional en la
medida en que esta creando expectativas con relación al tipo de empleo al que pueden
aspirar. Fleury y Hwnphrey (1993), en base a una muestra de empresas en Sao Paulo y Río
Grande, informan que en Brasil cuando un trabajador mejora su nivel educativo y este es
certificado espera "ascender" a un trabajo administrativo. Para tener
trabajadores en la producción con altos niveles de escolaridad ellos sugieren que es
necesario elevar la cobertura total del sistema de educación. Si esto no ocurre y sólo
se mejora la educación de algunos trabajadores estos van a buscar empleo fuera de la
producción.
Se puede encontrar una confirmación a esta observación en la relación que existe entre
el nivel educativo de los trabajadores de producción y la tasa de escolarización de la
población. Este tipo de movilidad es más frecuente en países como Brasil con una baja
tasa de escolaridad, que en Chile o Argentina que se acercan a una escolaridad del 90% de
la población de 7 a 14 años; y aún menor en los países industrializados que tienen una
cobertura escolar del 1 00%.
Estas diferentes magnitudes son parámetros que hay que tener en cuenta al diseñar
políticas; en la capacitación, como en otras áreas de la actividad económica, hay
economías de escala que afectan la eficiencia relativa de las diferentes opciones. Los
instrumentos técnicos e institucionales que debe usar una política que apunta a
calificar a más de cien mil trabajadores es diferente de los que pretende usar una
política para veinte mil. En el primer caso serán más eficientes técnicas de
educación a distancia que en el segundo, mientras que en este último puede ser eficiente
localizar centros de capacitación que serían menos efectivos cuando se quiere atender a
una gran masa de trabajadores.
(4)
Los programas compensatorios y 4 años de educación secundaria no son equivalentes
estrictamente hablando, no son, entonces, bienes sustitutos. Sin embargo la comparación
es útil en tanto entrega elementos de juicio para la formulación de políticas.
(5) Entre otras Fantuzzi en Chile, Hofab
en Jamaica, etc.