Guatemala


En el primer año del nuevo gobierno, Guatemala avanzó hacia el restablecimiento de los equilibrios interno y externo, que se vieron amenazados por la política fiscal expansiva del año previo y el deterioro en términos de intercambio. Se estima una inflación del 4%, un saldo mayor de reservas internacionales , un tipo de cambio nominal estable, y un alza de 3.5% del producto interno bruto (PIB). En mayo se firmó el Pacto Fiscal, concretando así el consenso nacional para aplicar una reforma tributaria y racionalizar los recursos públicos. Sus logros en la práctica todavía son limitados. Por su parte, el crédito bancario al sector privado permaneció estancado.

En marzo se recortó en 10% el presupuesto público del 2000. Posteriormente se elevó a 31% la tasa tributaria máxima sobre los ingresos de las personas físicas y las utilidades, se limitaron las deducciones por donaciones y reinversión de utilidades, se incrementó el impuesto de salida del país y se aprobaron nuevas tasas impositivas sobre bebidas alcohólicas. Se calcula que la carga tributaria aumentó 0.3 puntos porcentuales del PIB, superando por primera vez el 10% de éste. Desde el segundo trimestre volvió a ampliarse el gasto público, con lo que el déficit fiscal fue equivalente al 2.5% del PIB. La composición del gasto público mostró distorsiones importantes y, la inversión registró una importante caída del 5% en términos reales pero el consumo habría crecido a similar ritmo que el producto (3.6%). Ante los limitados avances de la reforma fiscal, se tomó la decisión de posponer la reunión del Grupo Consultivo de donantes internacionales programada para noviembre, que podría realizarse el próximo año.

La política monetaria se propuso colocar al país en una senda de baja inflación para lo cual se procuró controlar la liquidez mediante la participación intensa del Banco de Guatemala en operaciones de mercado abierto. En los primeros 11 meses del año se colocaron certificados de depósito por más de 6 000 millones de quetzales, triplicando así el valor alcanzado en 1999. En este proceso se modificó la estructura de vencimiento y de tasas de dichos certificados. Mientras que en enero las colocaciones eran a menos de 180 días, en octubre más del 50% tenía vencimiento superior a 336 días. El promedio ponderado de las tasas nominales de interés cayó seis puntos, registrando una tasa anualizada de 18% en noviembre. Estas operaciones permitieron absorber aumentos excesivos del circulante provocados por el gasto público y por el repunte del flujo de capitales externos. Según las estimaciones oficiales para el 2000, se produciría una expansión de 11% a 13% de la liquidez (M2) porcentaje; acorde con las metas establecidas.

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Las elevadas tasas activas de interés real (cercanas al 15%) y la persistencia del problema de carteras vencidas continuaron racionando el crédito al sector privado. En esa dirección también pudo influir la intensa colocación de papeles bancarios por parte del Banco de Guatemala, en la medida en que la banca privada se inclinó preferentemente por dichos certificados. A noviembre el crédito bancario al sector privado era apenas un 4.9% superior a su nivel de doce meses atrás en términos nominales. En el 2000, a diferencia del año anterior, el Banco de Guatemala no otorgó préstamos de reestructuración para aliviar el problema de carteras vencidas. Cabe notar que dichos préstamos no contemplaban sanciones efectivas por el incumplimiento de metas de reestructuración.

La cotización del quetzal frente al dólar mostró volatilidad al inicio del año, reflejando la incertidumbre asociada al proceso electoral, el deterioro de los términos de intercambio y el relajamiento de la política fiscal a fines de 1999. Posteriormente, la política monetaria restrictiva estabilizó el mercado cambiario. Dado el diferencial de inflación entre Guatemala y sus socios comerciales, habría una depreciación real de la moneda de 3% durante el año.

Las reformas estructurales avanzaron con posterioridad a la firma del Tratado de Libre Comercio entre México, Guatemala, El Salvador y Honduras. A partir del 1° de enero del 2001 se desgravarán progresivamente aranceles y demás barreras al comercio y a la inversión intrarregionales. En este tratado no se incluye el comercio de azúcar, café y banano.

El volumen de las exportaciones de bienes y servicios, que se expandió 4.2%, fue el factor más dinámico de la demanda global, seguido del consumo que se incrementó en 3.6%, porcentaje similar al crecimiento del producto; en cambio, la inversión tuvo una reducción. Por su parte, el volumen de las importaciones creció levemente (1.7%). La inversión pública mostró una contracción de 9%, que refleja los esfuerzos por corregir el déficit fiscal y, en parte, el retraso típico en el arranque de nuevos proyectos durante el primer año de todo gobierno. A su vez, la baja en la inversión privada es atribuible a la incertidumbre asociada con la transición a un nuevo gobierno y la escasez de crédito. El cuestionamiento por parte de ciertas esferas políticas de la legitimidad de los procesos de privatización también perturbaron el clima de inversión. A nivel sectorial se registró una fuerte caída del PIB de la construcción (–12%) y la minería (–5.1%), pero hubo una moderada expansión de los sectores manufactureros (2.3%) y agrícola (3%).

La inflación subió en el primer trimestre del año, a consecuencia de las alzas del precio de los hidrocarburos, de las tarifas de las telecomunicaciones, de los salarios y, también, la depreciación del 5% del quetzal frente al dólar en la primera quincena de enero. Sin embargo, gracias a una política monetaria estricta y cierta recuperación cambiaria se espera una inflación anual de 4% en el 2000. La recesión de la construcción (-12%) y el bajo ritmo de actividad manufacturera (2.3%) incidieron desfavorablemente en el empleo formal. Por otra parte, en febrero se aprobó un alza de 10% del salario mínimo, y se acordó adoptar en el sector privado un esquema de aumento de las remuneraciones ligado a la productividad.

Al igual que en 1999, la balanza de pagos registró un déficit en cuenta corriente superior al 5% del PIB. En contraste, hubo una cuantiosa entrada de capitales de corto plazo, que incluye repatriaciones de fondos de residentes, y gracias a la cual se elevó en 50% el saldo de reservas internacionales, que ascendió a 1 800 millones de dólares.

A pesar de su abundante cosecha, disminuyó el valor de las exportaciones de café debido al menor precio. Las exportaciones de azúcar cayeron en precio y en volumen. En cambio, las exportaciones no tradicionales subieron 19.1%. Las de la industria maquiladora crecieron 22.4%, pese a la falta de nuevas inversiones. Las importaciones de combustibles se elevaron cerca de 50%. Las de productos intermedios aumentaron 12% y las de maquinaria 5.8%, pero las de bienes de consumo bajaron. El saldo de la deuda pública externa fue 2% menor al de 1999, y el pago por servicio de la deuda fue equivalente al 4.7% de las exportaciones, porcentaje inferior al de 1999 (6.9%).