Colombia
Después de haberse precipitado en 1999 a la depresión más profunda del siglo XX, con una caída de 4.3% en el producto, la economía colombiana experimentó una moderada recuperación (3%) en el año 2000, encabezada principalmente por las exportaciones, en especial las petroleras. Sin embargo, el repunte fue insuficiente para abatir el desempleo que se mantuvo en un elevado 20%en las siete áreas metropolitanas.
Otros indicadores macroeconómicos evolucionaron favorablemente. La inflación continuó su trayectoria declinante, y se espera que a fines de año sea inferior a 9%, por debajo de la meta fijada por las autoridades. Desempeño semejante se espera de las cuentas fiscales, ya que los altos precios internacionales del petróleo y la recuperación interna, que se tradujo en un incremento de las importaciones, contribuirán al cumplimiento del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional suscrito en diciembre de 1999.

El sector externo resultó favorecido por la escalada de los precios internacionales de petróleo y por la vigencia de un tipo de cambio muy competitivo, lo que redundó en un superávit comercial por segundo año consecutivo y un ligero déficit (0.4% del PIB) en la cuenta corriente. Sin embargo, la calificación de riesgo del país volvió a deteriorarse, lo que encareció considerablemente la financiación en el mercado internacional, debido al deterioro de la seguridad interna.
La gestión fiscal apuntaba, dentro del programa acordado con el Fondo Monetario Internacional, a una disminución apreciable del déficit. Su componente cíclico fue determinante en el resultado final, lo mismo que en 1999. Después de haber representado el 6% del PIB, el déficit del sector público no financiero se ubicó en el rango previsto de 3.6%. Al cumplimiento de la meta coadyuvaron los recursos extraordinarios provenientes del petróleo y de la disminución del contrabando.
A pesar de un fallo adverso de la Corte Constitucional, que obligó al gobierno a levantar el congelamiento de los salarios y a pagar retroactivamente un reajuste salarial a todos los empleados públicos igual al porcentaje de la inflación registrada el año anterior, se estima que se cumplirán las metas fiscales. Para diciembre, el gobierno espera la aprobación de una reforma tributaria que debería incrementar los ingresos fiscales en alrededor de 3.8 billones de pesos al año (2% del PIB).
La política monetaria experimentó un cambio cualitativo durante el año, puesto que el Banco de la República descartó su estrategia basada en las metas intermedias y la sustituyó por otra fundada en la meta inflacionaria. Ello fue posible gracias al abandono de las bandas como instrumento principal de la política cambiaria, al significativo descenso de la inflación y a la moderación de las expectativas inflacionarias. Merced a operaciones de mercado abierto (operaciones repo con respaldo de títulos de deuda pública u otros títulos), su principal instrumento, el instituto emisor mantuvo en general la liquidez suficiente en el sistema financiero a lo largo del año. Después de que en febrero bajara a 10%, gracias a la liquidez temporal suministrada a fines del año 1999, la tasa de referencia del sistema financiero (tasa de captación media del sistema financiero para los depósitos a término fijo, DTF) subió paulatinamente hasta llegar a 13% en noviembre. Al mismo tiempo se produjo un cambio de preferencias, ya que el M1 creció 35% en los doce meses transcurridos hasta comienzos de noviembre, mientras que en el mismo período la oferta ampliada (M3+bonos) aumentó sólo 4.2%. Esto fue inducido por el impuesto a las transacciones financieras (2 por 1000) y por la rebaja de las tasas de interés.
La situación del sector financiero siguió siendo frágil, a pesar de una lenta recuperación de la crisis anterior. Dada la debilidad de la demanda interna, los bancos se mostraron renuentes a otorgar créditos al sector real y prefirieron invertir sus excedentes de liquidez en títulos públicos. En este contexto el crédito total acumulaba en noviembre una caída anualizada de 8%, resultado de los castigos de cartera y la merma de los créditos hipotecarios. Sin embargo, los créditos no hipotecarios mostraron débiles señales de recuperación.
Después del protagonismo mostrado en los dos años anteriores, la política cambiaria se tornó más bien pasiva en el 2000. Hubo dos episodios de inestabilidad, primero en abril y mayo, ligado a la amenaza del Presidente de disolver al Congreso, y luego en septiembre, por razones estacionales y ante el temor de que no se concretaran las privatizaciones programadas. La devaluación nominal hasta fines de noviembre ascendía a 15.8%.

La modesta reactivación iniciada en el segundo semestre de 1999 continuó en el 2000, con lo que es factible materializar la meta del gobierno de un crecimiento del PIB de 3%. Las proyecciones preliminares muestran una recuperación modesta del consumo total, encabezada por el consumo privado, ya que el del sector público fue restringido para disminuir el déficit fiscal. Las inversiones se han ajustado al mismo patrón, pero no han podido todavía convertirse en un motor generador de volúmenes considerables de puestos de trabajo. El empuje de las exportaciones, que registran un crecimiento del orden de 15%, marcó la recuperación de la actividad económica. Por ramas de actividad sobresale la industria manufacturera con un crecimiento de 10%, a la vez que los sectores agropecuario y de comercio se expandieron más de 4%. El sector financiero acusó una tasa negativa por tercer año consecutivo, mientras que la construcción anotó un crecimiento nulo después de varios años de retroceso.
El desempleo urbano en las siete áreas metropolitanas se estabilizó en torno a un elevado 20%, llegando al máximo histórico de 20.5% en septiembre pese al aumento leve del empleo total. Por otra parte, los salarios reales aumentaron en línea con el incremento de la productividad, contribuyendo así a la moderación inflacionaria.
La trayectoria de los precios al consumidor se vio favorecida por una abundante oferta de alimentos y la atonía de la demanda interna. Los efectos de la devaluación real se hicieron sentir en forma moderada en la evolución del índice de precios al productor (IPP), cuya tasa hasta noviembre era de tres puntos porcentuales superior a la del IPC.
La devaluación real y una demanda externa muy dinámica (conformada básicamente por Estados Unidos y Venezuela) han redundado en un considerable aumento de las exportaciones no tradicionales, especialmente de aquellas de origen industrial. Si a ello se agrega el sustancial incremento de los ingresos petroleros, se entiende que el valor de las exportaciones haya aumentado 14%, más que las importaciones, que no alcanzaron al 9%, básicamente en el rubro de los bienes intermedios. El superávit comercial fue contrarrestado por el déficit de la cuenta de factores, de modo que la cuenta corriente anotó un ligero déficit (-0.4% del PIB). El superávit de la cuenta financiera continuó reduciéndose, a consecuencia de salidas del capital privado, pagos de amortización de deuda externa y un menor endeudamiento externo.