Uruguay


La economía uruguaya continuó en recesión durante el año 2000. El producto retrocedió cerca de 1%, luego de haber caído más de 3% en 1999, y una nueva pérdida de la relación de intercambio deterioró en otro punto porcentual el ingreso nacional disponible. La estrecha relación entre los ingresos fiscales y el nivel de actividad en un contexto de difícil contracción del gasto público impidió reducir el déficit a menos de 4% del producto. Aunque las exportaciones crecieron, luego de una acentuada caída el año anterior, el impacto del empinado ascenso del precio del petróleo contribuyó a que la significación del déficit de la cuenta corriente del balance de pagos siguiera rondando el 3%, financiado con holgura con endeudamiento externo. La inflación anual aumentó a casi 6%y la tasa de desocupación superó el 13%.

El programa financiero puesto en marcha por el gobierno que asumió en marzo proyectaba un crecimiento del producto del orden de 2.5% y una contracción del gasto público, esperándose que ello redundara en una acentuada moderación del déficit fiscal. Al revés de lo previsto, el escenario externo, altamente favorable para el país durante la mayor parte de los años noventa, continuó deteriorándose. Pese al crecimiento de la economía brasileña, las ventas uruguayas a ese mercado siguieron disminuyendo; tampoco las exportaciones a Argentina recuperaron los niveles alcanzados dos años antes. Por otra parte, la revaluación del dólar frente al euro restó capacidad de competencia a la moneda uruguaya en el importante mercado europeo, puesto que el peso varía lentamente en relación con el dólar estadounidense. El aumento de la tasa de interés dispuesto por la Reserva Federal de los Estados Unidos acrecentó el gasto público por ese concepto, mientras la relación de términos de intercambio seguía erosionando el ingreso nacional, por el efecto combinado de la disminución del precio de las exportaciones y el alza del precio del petróleo. La persistencia de trastornos climáticos durante el primer semestre y la reaparición de la fiebre aftosa perjudicaron la oferta agropecuaria.

El lento repunte de las exportaciones no logró compensar la debilidad del mercado interno. El consumo privado se mantuvo restringido debido a la caída del ingreso, el aumento del desempleo, las desfavorables expectativas y la desaceleración del crédito al consumo, que tras expandirse 30% en términos reales a mediados de 1998, virtualmente se estancó desde fines de 1999. La persistencia de la recesión se hizo sentir también en la inversión privada, que experimentó un marcado retroceso, mientras el ajuste fiscal se centraba en la contención del gasto, principalmente de capital.

La producción de bienes disminuyó más de 4%. Al descenso agropecuario se sumó un nuevo repliegue industrial y el desplome de la construcción. El comercio resultó severamente afectado por la contracción de la demanda, pero el incremento registrado en las comunicaciones, la energía eléctrica y otros servicios permitió que el conjunto de éstos aumentara en alrededor de 0.5%

En este escenario recesivo la desocupación trepó más de dos puntos porcentuales sobre la registrada el año anterior, al coincidir un descenso del coeficiente de empleo con un incremento de la tasa de actividad. También el salario real se deterioró, retrocediendo más de un punto porcentual. Las mediciones del ingreso real de las familias revelan una contracción aún mayor que la suma de ambos efectos.

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La política contracíclica del año anterior y la materialización de ciertos gastos extraordinarios determinaron que el déficit consolidado del sector público alcanzara en mayo de 2000 al equivalente de 4.7% del PIB. Las nuevas autoridades dispusieron una reducción del gasto de capital y de los egresos no personales, gracias a lo cual en los meses siguientes el déficit cedió, aunque menos de lo esperado. Los ingresos reales disminuyeron (más de 1%), siguiendo la evolución del producto y de las importaciones; a su vez, el pago de intereses de la deuda pública aumentó (16% real hasta septiembre) ante el simultáneo ascenso de la tasa internacional y el mayor endeudamiento; por último, los gastos en seguridad social se ampliaron, debido a la merma en la recaudación y el aumento de las obligaciones por concepto de seguro de desempleo. Al mes de septiembre el déficit excedía de 4%del producto, pero se esperaba que disminuyera en el último trimestre.

Al igual que en los años anteriores, la brecha fiscal fue cubierta con mayor endeudamiento externo y no se recurrió al crédito de la autoridad monetaria. Por su parte, el incremento de reservas internacionales del Banco Central (180 millones de dólares hasta octubre) respondió a mayor endeudamiento. El crédito bancario al sector privado se mantuvo estable en valores nominales.

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La contracción monetaria permitió perseverar en la política cambiaria de banda de flotación con ajsute gradual de 3% de amplitud y 0.6% de devaluación mensual (7% anual) con respecto al dólar. En este contexto, pese a que la suba de los combustibles agregó alrededor de un punto al porcentaje de inflación anual por incidencia directa, los precios internos continuaron evolucionando en forma moderada. El alza internacional del hidrocarburo hizo que las compras de ese producto superaran en más de la mitad el valor del año anterior y en 150% el registro de 1998. Como sólo una parte del incremento del precio internacional fue traspasada al público, se redujo la transferencia de ganancias de las empresas públicas al gobierno central.

Hasta octubre el aumento de la factura petrolera correspondía casi en su totalidad al incremento (6%) de las importaciones de bienes. La ampliación de las compras de otros bienes intermedios (7%) fue compensada por la contracción de las adquisiciones de bienes de capital (-11%) y de consumo (-3%). Como los precios cedieron un poco, el crecimiento de las exportaciones, de magnitud similar al de las importaciones, respondió fundamentalmente la expansión de los embarques. El dinamismo provino de la demanda de los países del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y de Asia; las compras de Mercosur exhibían una lenta recuperación, en tanto que las europeas declinaban. Se estimaba que el brote de aftosa haría disminuir en el último trimestre las exportaciones de carne, por lo que en el conjunto del año se observaría un crecimiento de 4-5% en el comercio de bienes.

La brecha externa continuó financiándose con mayor endeudamiento. La buena calificación (investment grade) otorgada a la deuda uruguaya hizo posible la colocación de papeles oficiales a tasas de interés que abonaron márgenes (spread) moderados, del orden de los 250-300 puntos básicos sobre los títulos norteamericanos. En noviembre se emitió deuda denominada en pesos chilenos, adquirida principalmente por entidades de previsión social de Chile, con un margen equivalente a 330 puntos básicos sobre la deuda norteamericana.