INTRODUCCIÓN


El punto de referencia de cualquier análisis del tema de la formación para el trabajo y el entrenamiento en la República Dominicana es la heterogeneidad creciente de la industria, que se manifiesta en una brecha tecnológica considerable entre las diferentes industrias, en una dispersión tecnológica apreciable y en una estructura del empleo diversificada. Estas proporcionan el marco general de las demandas presentes y futuras que hacen las empresas para mantener o mejorar su productividad.

Se distinguen dos grandes sectores industriales, el que está acogido al régimen de zona franca y el que esta volcado hacia el mercado interno. Algunas empresas de este último grupo están empezando a implementar estrategias de exportación. Al interior de ambos sectores hay grados diversos de desarrollo. Así es posible encontrar simultáneamente en el mismo tipo de productos empresas con tecnologías muy intensivas en mano de obra y empresas con mayor intensidad de capital. Pero en cualquier caso toda la industria en la República Dominicana tiene un atraso al menos de 15 años en relación con la frontera tecnológica, con la excepción de la industria de ensamblaje electrónico, donde se encuentran algunas empresas en régimen de maquila aplicando tecnologías más avanzadas.

Otra característica de la industria dominicana es la debilidad interna de las cadenas productivas, en especial de las empresas que producen para el mercado interno. Las relaciones interempresas son débiles, porque no ha habido un proceso de especialización, ni consecuentemente, uno de externalización de funciones. Las unidades productivas siguen cubriendo internamente la gama más amplia posible de actividades de producción, manutención en incluso comercialización. Tampoco hay un desarrollo, digno de notar, de grandes empresas capaces de articular relaciones estrechas hacia adelante o hacia atrás imponiendo normas de calidad, induciendo desarrollo tecnológico, generando demandas con especificaciones estrictas, etc.

Las empresas más integradas a cadenas productivas con alto grado de especialización en cada firma se encuentran en la zona franca, las más avanzadas tecnológicamente son empresas integradas a cadenas multinacionales y son accesorias a plantas de ensamblaje final que no se encuentran en la República Dominicana. En estas las normas de calidad y especificidad de los productos se encuentran determinadas y controladas por las ensambladoras finales. Se encuentran empresas que si fabrican el producto final, pero estas están en sectores donde existe la opción de trabajar con tecnologías de baja intensidad de capital como es el caso de la industria de la confección. En este esquema las demandas actuales de recursos humanos de la industria son diversificadas, pero dentro de los limites impuestos por el grado de desarrollo tecnológico.

A menudo se plantea que la demanda por formación y educación es derivada (Hicks), y que por lo tanto no son las políticas y acciones en este sector las que van a iniciar procesos de desarrollo. Conviene hacer una distinción para aclarar este punto y definir el rango de impacto de las acciones educativas. Distinguimos entre educar y entrenar. La demanda por entrenamiento (que incluye gran parte de la capacitación realizada dentro de las unidades productivas) es sin duda derivada, pero la demanda por educación (en la que se incluye formación para el trabajo) es una demanda que tiene una dinámica diferente, relativamente autónoma de los factores que determinan la demanda por entrenamiento. Además, la existencia de personas educadas y formadas en el mercado del trabajo a menudo constituye una oferta que genera su propia demanda. Una fuerza de trabajo con buena formación es un factor atractivo para las inversiones, como lo muestran los flujos de inversiones hacia ciertas regiones en las últimas décadas. El entrenamiento y la capacitación deben resolver demandas presentes o futuras de las empresas y dependen de una serie de factores asociados a la elección de tecnologías y a la manera como cada empresa adapta estas tecnologías.

En la República Dominicana esta demanda es tan diversificada como es heterogénea su estructura productiva. El desafío que tiene en este momento la industria dominicana es romper esta doble brecha tecnológica, la interna y la externa. Es decir la que existe en el país entre los diferentes sectores de acuerdo a su grado relativo de desarrollo y la que existe en relación con la frontera tecnológica mundial. La cuestión que se le plantea a la educación y a la formación profesional es la de contribuir a cerrar ambas brechas.

En lo que sigue se analizará las estrategias que han seguido algunas empresas para resolver las demandas de recursos humanos que les genera las opciones tecnológicas que ellas han hecho. Para este análisis se tendrán en cuenta tanto las dimensiones contextuales como las diferencias existentes al interior de las empresas.

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